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Hoy empieza todo.

Él corría nunca le enseñaron a andar, ella huía de espejismos y horas de mas, él cierra los ojos para ver mientras ella mira la vida de un color verde casi transparente, él es de los que piensa que cuando todo está bajo control es que no se está llegando al límite, ella medita cada paso que da sin que su cabeza para de dar vueltas.

Ella inventa mareas y él aconseja que mañana ya se habrán calmado, ella es de palabras rápidas, él de silencios pausados, ella enseña a nombrar las cosas x su nombre y él imagina palabras que no existen. Él todavía no le hace promesas y ella aun no le cuenta mentiras.

Él es de los que cuando tira una moneda al aire espera que caiga de canto, disfruta de la duda hasta el momento preciso de tener que decidir, ella tiene ese tipo de entusiasmo contenido, como si tuviera que hacer un gran esfuerzo para no lanzarse a ser tu mejor amiga.

El principio los sorprendió en Copenhague, aunque ella todavía no lo sabe y él todavía lo duda. Ella sonríe, a él le brillan los ojos… y cada mañana ella piensa que todo saldrá bien, él que hoy empieza todo.

La foto es de Gloria Martinez.

Una noxe que llueva salimos.

Aprendió a besar cuando yo empezaba a dar las patadas a un balón de goma, su primer cigarro coincidió con las explosiones de petazetas de en mi boca y los nervios que su primer examen de la facultad provoco coincidieron con los míos en aquel penalti que falle en el patio del colegio, ni su suspenso, ni mi error han tenido consecuencias terribles.

Debió hacerse mayor el día que su primer novio olvido la felicidad guardada en el cajón de la mesita de noche, y se fue a vivir otras vidas. Fue entonces cuando decidió que no había nada mejor que intentar cambiar este puto mundo (cada uno a su manera), de buscar un futuro mejor para aquellos a los que le rodean.

Ahora piensa de una forma distinta a como ha actuado toda la vida, dice que tiene un corazón de hielo (yo no me lo creo), suspira con poder retirarse a vivir a un pueblecito perdido en mitad de la Mancha y pasarse las tardes leyendo, observando una de las vistas más bonitas de España.

Derrocha optimismo por los cuatro costados, mira la vida con unos ojos diferentes a los del resto de la gente, es la mejor terapia cuando el mundo parece que no merece la pena y siempre encuentra preciosísimos todos los proyectos que realizo.

Cada día que he salido con ella llueve, y pienso que cuando llegue la lluvia estaría bien salir a pisar una noche charcos, y mirar las gotas caer bajo una farola, para que nos hagan sentirnos vivos, para que ella me hable de sus suspensos, y yo le cuente mis errores.

Madrid

Pasar dos días en Madrid es como vivir un mes en cualquier otro lugar, esta ciudad adopta a cualquiera como esa segunda casa en la que todo el mundo tiene su lugar, aquí caben todos pero solo viven unos cuantos. Hubo un tiempo, (hace años) viví varios meses en la Calle de la Madera, a dos minutos de Callao, de la Gran Vía, recuerdo aquellos días en los que apenas tenía compromisos profesionales como unos de los más felices de mi vida, quizás porque a mi lado estaba la chica que me dio el primer beso de mi adolescencia, ese beso inocente, casto, tembloroso y torpe que todos hemos tenido. Ese que no se olvida. Hoy, caminando por la Gran Vía, a la altura del edificio de Telefónica me pareció ver como bajaba las escaleras que conducían al metro, seguramente no era ella sino el reflejo de una proyección mental imaginaria que sucede cada vez que llego a la calle que nunca duerme, en cualquier caso no hubiera sabido que decirle, hace años que no se de ella y aun le debo una disculpa que (sé) nunca entenderá.

Ahora vivo en la calle del Barquillo, paralela a Hortaleza, acostumbro a comer en Maison Blanche, a tomarme una cerveza en Libertad 8 descubriendo alguno de los (no tan) jóvenes cantautores, las tardes soleadas de primavera voy con mi sobrino a perderme en el ático de la Casa Encendida y le hago fotos mientras juega revolcándose en el suelo, él se acerca sin miedo alguno a esa pareja de enamorados que recostados uno sobre el otro, ven pasar las horas mientras se alarga la sombra de las chimeneas, se acarician mientras se preguntan si el niño es mío, si estaré separado o si simplemente la estrategia del sobrino sirve para bajar las defensas de todas esas “culteretas” en edad fértil que se acercan a hacerle carantoñas.

Esta mañana me levante tarde, desayune en la cama viendo la MTV, me duche escuchando ese credo intimista que susurra PJ Harvey en White Chalk, y que me acompañaría subconscientemente durante todo el día, comí en una terraza de Lavapiés mientras perplejo observo cómo la policía acosa pidiendo la documentación al primer inmigrante con el que se cruzan, bajo lentamente por la calle Valencia, desobedeciendo ese absurdo consejo que tienen en los pueblos de recomendarte ir por la sombra, atravieso el Reina Sofía tan solo por observar los lucernarios asimétricos de Nouvel y me dirijo al Prado, a esa entrada “trasera” que son a las puertas de Cristina Iglesias, las palpo y esta vez sí, las atravieso, detrás esta Bacón, y sus retratos de seres angustiados y frágiles.

Una hora más tarde estoy sentado en la ventana de la primera planta del Caixaforum, observando cómo decenas de turistas apenas se paran segundos ante El Pensador de Rodin, sintiendo que no hay mayor contradicción que esa, fugacidad frente a reflexión, y es que una vez aprendes que las cosas que merecen la pena no son cosas, te das cuenta que poder disfrutar veinte minutos de una escultura, es una de ellas.

Pico algo de cenar en Los Tigres, entre erasmus, lesbianas, y fauna varia, callejeo un poco entre multitudes que se disponen a comerse la noche madrileña y dio la casualidad de que casi sin quererlo me encuentro en medio de un concierto de Cesar Rodriguez en el Búho Real, tarareando “Déjame entrar” como aquella primera vez que la oí, sabiendo que aunque estaba solo te sentía a mi lado, o al revés, y pensando que estar distante es parecido a no estar juntos.

Manifiesto de la BAUHAUS

“El fin último de toda actividad creativa es un edificio! En otro tiempo la decoración de edificios fue la más noble de las funciones de las artes más exquisitas, y éstas eran imprescindibles para la gran arquitectura. Hoy en día ambas permanecen en el aislamiento, y sólo pueden ser recuperadas con la cooperación concienzuda y la colaboración de todos los artesanos. Arquitectos, pintores y escultores de nuevo deben llegar a conocer y comprender la naturaleza compuesta de un edificio, tanto como entidad única como en sus partes diferenciadas. Así, su trabajo se llenará con aquel espíritu arquitectónico que, como el “arte de salón”, se ha perdido.

Las viejas escuelas de arte eran incapaces de conseguir esta unidad; y desde luego ¿Cómo lo iban a conseguir, si el arte no puede ser enseñado? Las escuelas deben volver al taller. El mundo del diseñador de patrones y artista aplicado, consistente sólo en dibujar y pintar, debe, una vez más, llegar a ser un mundo donde las cosas se construyen. Si el joven que disfruta en la actividad creativa ahora comienza su profesión como en los viejos tiempos, aprendiendo una habilidad manual, entonces los “artistas” improductivos no estarán nunca más condenados a un talento artístico inadecuado, pues sus habilidades estarán conservadas en estos oficios en los que pueden conseguir grandes logros.

Arquitectos, pintores, escultores, ¡Todos debemos volver a los oficios! Pues no hay tal “arte profesional”. No hay una diferencia básica entre el artista y el artesano. El artista es un artesano exaltado. Por gracia divina y en raros momentos de inspiración que superan a la voluntad, el arte puede florecer inconscientemente de la obra de su mano, pero una base en artesanía es fundamental para cada artista. Es allí donde reside la fuente original de la creatividad.

¡Por lo tanto creemos un nuevo gremio de artesanos sin la distinción de clases que levanta un muro de arrogancia entre artesanos y artistas! Permitámonos todos juntos desear, concebir y crear el nuevo edificio del futuro. Éste combinará arquitectura, escultura y pintura en una única forma, y un día se alzará hacia los cielos de la mano de un millón de trabajadores como el símbolo de cristal de una nueva y venidera fe.”

Walter Gropius (1919)

Hoy se cumplen 90 años de la publicación del manifiesto de la Bauhaus, y sigue vigente como el primer día.